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¿Todo es defensa personal?

 

Hoy en día se utiliza el término “Defensa personal” con demasiada ligereza. El origen de la defensa personal es, sin duda, la necesidad del ser humano de proteger su vida frente a agresiones de semejantes e incluso de otro tipo de animales.

 

Es una idea absurda pensar que, una persona sola, sin contacto con, al menos, otra más, vaya a poder desarrollar un sistema de defensa personal, por ello, fue necesario un grupo de individuos para crear lo que sería el “protosistema” de defensa personal, es decir, el primer sistema de autodefensa.

 

Sin duda todos tenemos, en mayor o menor medida, un instinto de autodefensa, que se podría denominar “genético”, como cualquier forma de vida, sientes un pinchazo y te apartas, te encoges si ves venir un golpe, quizá muerdas, en algún caso, si te agreden… En fin, el instinto, ese aprendizaje que tuvieron que desarrollar “a su manera” los genes… Todo aprendizaje requiere su tiempo, su evolución…

 

Sin embargo no me quiero alejar del tema. De modo que sigamos analizando lo que es la defensa personal. Como decía, hubo grupos humanos que fueron desarrollando “mañas” en cuanto a la autodefensa. Al principio, el individuo más fuerte y pesado demostraba su superioridad en una pelea cuerpo a cuerpo. En esos enfrentamientos, casi sin darse cuenta, iban desarrollando habilidades, a unos se les daba mejor agarrar y derribar, a otros golpear, otros usaban palos o piedras… De este “test científico” salían las “técnicas” que funcionaban y las que no. Nadie “se las daba” de buen luchador en base a que poseía tal cinturón, era discípulo de tal estilo o su maestro era fulanito… El “tipo peligroso” era aquel que podía demostrar su superioridad en combate.

 

La evolución de la violencia humana llevó a la creación de grupos de guerreros cuya función era la protección de la tribu. Seguramente, entre estos guerreros fueron despuntando aquellos más hábiles en el combate, que además tenían la capacidad y la voluntad de enseñar a otros, los primeros maestros, por así llamarlos.

 

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale. Por tanto, estos guerreros, no se limitaban únicamente a golpear, o solo a agarrar, o solo al uso de armas, o solo a pelear de pie, o solo a pelear en el suelo, o solo a luchar contra un único agresor… Porque sabían que, en combate, se podrían ver en todas esas situaciones.

 

Hoy en día las artes marciales y similares se han deportivizado (hablando en general) y han dejado de perseguir el objetivo de protegernos ante una agresión callejera.

 

Me explico. Un judoka se entrena para agarrar, pero no para dar golpes ni para evitarlos, a pesar de que queden unos residuos técnicos al respecto en dicho arte. Un boxeador se entrena para dar puñetazos y evitarlos, pero no para agarrar ni para evitar un agarre, ni mucho menos para luchar agarrados en el suelo, ni siquiera para dar o evitar patadas. Un kickboxer se prepara para golpear con piernas y brazos, pero nada de proyecciones, luxaciones, lucha en suelo, etc. Esto se podría aplicar a la mayoría de sistemas que contemplan el combate deportivo, siempre carecen de preparación en alguna vertiente. Pero esto no es todo. Además estos sistemas cuyo fin principal es el combate deportivo, obligatoriamente tienen que poseer reglas… No atacar a los genitales, no morder, no atacar a los ojos… A priori parece una ventaja, pues protege a los practicantes de lesiones graves. Al final del artículo veréis que, en realidad, es un mal vicio, pues si nunca te atacan con “juego sucio” coges el vicio de no protegerte, al no esperarte, ese tipo de ataques. Quizá se os pase por la cabeza que, en caso de agresión callejera, estaréis alerta ante el juego sucio, pero si realizáis combate deportivo para coger unos reflejos de autoprotección, tendréis que reconocer que “lo que no se practica no se aprende a hacer”, es decir, no tendréis esos reflejos que presuponéis, es más, puede que ni veáis venir el ataque. Imaginaos un judoka que proyecta magistralmente a un agresor cayendo sobre él en el suelo, se puede encontrar con que el agresor le muerda la oreja, la nariz o le meta los dedos en los ojos. El judoka no está habituado a defender eso, ni a colocar bien para evitarlo, todo va a depender de él, no de su entrenamiento .

Lo mismo se podría aplicar a un “golpeador” en caso de caer agarrados al suelo, o incluso en pie.

 

No quiere decir que, en entrenamiento de combate se tengan que dar patadas fuertes en los genitales, morder o hundir los ojos al compañero. Lo que se quiere decir es que, al menos se amague este tipo de ataques, para obligar al compañero a evitarlos y se acostumbre a verlos venir, que los ataques peligrosos, el juego sucio se hagan sin llegar a dañar, pero obligando a reaccionar al contrincante. Un ejemplo: podemos lanzar una patada a los genitales sin llegar a tocar (tras adquirir el dominio necesario), de modo que el agredido tenga que reaccionar. Lo cual no quiere decir que, si esa patada la lanzamos al estómago, lo hagamos con mayor potencia y tocando a pleno contacto, dependiendo del nivel de los practicantes, pues ahí se puede encajar… O bloquear/ esquivar, claro.

 

La exigencia de la competición, el ganar las medallas, las copas, podría poner en serio peligro a los contendientes, rebasando el límite del respeto al contrincante a favor de la obtención de un trofeo, por ello no soy partidario de esta vía, aunque sí de entrenar combatiendo en el gimnasio, con respeto, con cuidado… Pero con realismo.

 

Luego tenemos otras artes que no contemplan el combate deportivo, “porque claro, sus técnicas son tan mortales que sería demasiado peligroso”. Estas artes jamás enseñarán a sus practicantes a luchar. Siempre van a estar simulando técnicas con un compañero que se “deja hacer”, claro, así todo sale. Pero al no combatir, al no practicar con alguien que no se deje hacer, jamás van a aprender a pelear, todo lo más que hacen es “vivir una realidad virtual”.

 

Cuando una persona coge seguridad en aquello que ejecuta es en el momento que es capaz de hacerlo a alguien que no se deja, con uno, con otro, en reiteradas ocasiones… Todo lo demás es generarse una falsa confianza… Que en la calle puede salir muy cara.

 

Entonces tenemos artes “deportivas” por un lado y artes “sin combate” por otro, ninguna de las dos, prepara, todo lo bien que debería para la calle.

 

El arte digno de llamarse defensa personal es aquel que respeta los siguientes pilares básicos:

 

En primer lugar:

Técnicas de todo tipo, viables en la realidad, tanto de golpeo, como de agarre, esquivas, lucha en pie, en suelo, defensa ante varios agresores, distintas situaciones, uso y defensa de armas, protección de un tercero, etc.

 

En segundo lugar:

Combate, en el cual se ejecutará todo tipo de ataque, aquel que pueda dañar seriamente (golpes genitales, morder, etc) tan solo se “marcará / amagará), toda técnica que no dañe seriamente se podrá realizar a plena potencia, adaptándose al nivel del alumno. Es importante que, aunque los ataques “sucios” tan solo se amaguen, el agredido se defienda de estos, vamos que no porque tan solo se marquen, los ignore.

 

En tercer lugar:

Preparación física. Sin la cual, el riesgo de lesiones se incrementa, además de no olvidar que la fuerza, sin ser lo más importante, tiene su peso en el combate, así como la resistencia al esfuerzo.

 

Cuando los objetivos de un arte pasan a relegar la preparación para la calle, a favor de preparar “muy buenos competidores deportivos”, se produce un alejamiento del primigenio fin por el que las artes marciales fueron creadas: ser efectivas en situación real. En la calle no hay reglas, no hay árbitros que paren el combate, no hay juego limpio… Tampoco me vale un compendio de técnicas muy elaboradas, pero muertas, pues no se practican en combate, tan solo con otro que se “deja hacer”.

 

Entonces cuando “vendemos” defensa personal, a veces, estamos haciendo un uso indebido de tal término, quizá sería más adecuado preparación deportiva, aproximación a la defensa personal, o sucedáneo de…

 

Todo muy respetable, pero que no comparto en lo relativo a la alegre denominación. A veces no es tanto las técnicas de un sistema, a veces no es lo que se entrena sino… Cómo se entrena.

 

Por:

Roberto González Fernández

Instructor de Defensa Personal Oriental

Paz y bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

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